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martes, 15 de marzo de 2016

XIII

Cuando los senderos se bifurcan hasta reencontrarse.
Alec Mendoza

Parte XIII

Como ya hemos relatado el crimen fue realizado por Eliahu Jakim y Eliahu Bet Zuri el 6 de noviembre de 1944. Seis semanas después se inició el juicio en El Cairo, la gran ciudad egipcia que en árabe significa “La Victoriosa”. El veredicto del Tribunal se conoció el 18 de enero de 1945 y fue “Culpables”, la sentencia los condenó a morir en la horca.

Cuando fueron detenidos minutos después de haber cometido el delito las declaraciones de ambos acusados ante las autoridades policiales fueron espontáneas, claras e indubitables. La descripción de los hechos fueron coincidentes con los testimonios de los testigos.

Ambos sicarios tuvieron que ser rescatados por la policía egipcia de la ira de la multitud que quería lincharlos sobre la plataforma del puente en el que fueron capturados. Eliahu Bet Zuri tuvo atención médica y la lesión en una de sus piernas, causada al caer de la bicicleta en el puente, luego de un tiroteo fue atendida con rapidez. Entre el día del crimen y la sesión inaugural del Tribunal, 10 de enero de 1945, los acusados tuvieron un tiempo propio para realizar en la cárcel una serie de actividades. En todo momento fueron tratados respetuosamente.

Durante ese lapso recibieron visitas familiares en diversas oportunidades.

Sus hermanos les informaron que Arturo Toscanini, Eleanor Roosevelt, Josiah Wedgewood y otras personalidades del mundo de la cultura y la política estaban organizando una campaña internacional para solicitarle al Reino Unido que no sean condenados a la pena de muerte.

Tuvieron asesoramiento jurídico de un destacado abogado del Yishuv, el Dr. Asher Levitsky quién viajó a Egipto a solicitud de Simon Jakim, padre de Eliahu, para ofrecerles una estrategia defensiva que los salvaría de la pena capital, plan que los sicarios rechazaron rotundamente.

También recibieron asistencia religiosa brindada por el Rabino Jefe de la comunidad judía residente en El Cairo, Bet Zuri sólo aceptó palabras de solidaridad, él no era creyente. Ambos detenidos enviaron correspondencia a sus padres.Los procesados no fueron sometidos a torturas físicas ni sufrieron presiones psicológicas para doblegar su voluntad y obtener así delaciones sobre los cómplices que los ayudaron en El Cairo a cumplir su misión.

En ninguna instancia manifestaron arrepentimiento por la comisión del asesinato de Lord Moyne.

El juicio fue seguido por más de trescientas personas, quienes ocuparon todos los asientos habilitados en la sala. La audiencia  estaba integrada por diplomáticos extranjeros invitados, observadores de varias embajadas, más de cien periodistas de medios nacionales, británicos y norteamericanos, además de  numerosos estudiantes de leyes de la Universidad cairota. 

El Tribunal estaba integrado por un Juez Presidente, cuatro jueces civiles y dos jueces militares. Colaboraron un abogado Relator y un equipo de asesores especializados en contraterrorismo enviados desde Palestina. 

Antes de relatar las sucesivas etapas del juicio a los Eliahus es conveniente conocer antes la ideología o credo político de los acusados. 

El Juramento 

Los que se incorporaban a la fuerza armada de la Agencia Judía, la Hagana, estaban obligados a hacer un juramento de lealtad a la misma. El Irgún y el Leji mantuvieron la misma ceremonia y texto de jura, el que fue redactado en 1920 por Vladimir Zeev Jabotinsky (Jabo). 

En una habitación sólo iluminada por un candelabro de nueve brazos (Menorá) se hallaba una única mesa cubierta por un tapete de color negro que en su centro tenía la estrella de David bordada con hilos dorados (Mandubel) y sobre esta se depositaba un revolver niquelado calibre 38. El recluta debía apoyar su mano hábil en el arma y pronunciar frente a testigos las siguientes palabras en voz alta:

"Por la presente, declaro por mi propia voluntad y libre discernimiento que decido incorporarme a la organización de Defensa Judía de la Tierra de Israel. (Irgun Hagana Haivri Be’Eretz Israel).
Yo… (Nombre y Apellido del recluta), por la presente, juro ser leal a la organización para la defensa del pueblo judío todos los días de mi vida, a sus leyes y tareas definidas por el Alto Mando.
Por la presente, yo juro mantenerme toda mi vida a disposición de la organización para la defensa, a aceptar incondicionalmente su disciplina, sin límite alguno, y a alistarme ante su llamada para cualquier misión en cualquier momento y lugar, a obedecer todas sus órdenes y a cumplir todas sus instrucciones.
Yo… (Nombre y Apellido del recluta), por la presente, juro dedicar toda mi fuerza, e incluso sacrificar mi vida, en la defensa y batalla por mi pueblo y por mi Patria, por la libertad de Israel y por la redención de Sión." 
                                                                               
(ver: Sir Richard Catling. “Memorandum”, Appendix, XVIA, p. 157. )

Las obligaciones establecidas en el Juramento estaban reforzadas por un mensaje recordatorio distribuido por el Alto Mando cuando la oportunidad indicaba hacerlo, titulado: Instrucciones de seguridad para nuestros soldados: 
“Recuerda, eres miembro de una organización militar ilegal según las leyes del gobierno extranjero, la existencia, actividad y pertenencia a nuestra organización militar están prohibidos por las autoridades del Mandato.”       

El resto del recordatorio reafirmaba la necesidad de cumplir con la obediencia incondicional, el silencio absoluto y las prácticas del engaño y la mentira cuando sean ordenados por el Alto Mando. Los jefes y tropa debían devolver el “recordatorio” con la siguiente respuesta: Recibido, leído y aceptado, más la firma con su nombre de guerra. 

(Sir Richard Catling. “Memorandum”, Appendix, XXVIII, p. 219.)

El Juramento expresa que el recluta ha entregado su conciencia al Alto Mando, (de Hagana, o Irgun o Leji) aceptando que esa autoridad decida lo que está bien y lo que está mal, sin que importe el derecho internacional, estatal o local. La obligación de acatar las órdenes es independiente de la moral, valores y tradiciones del judaísmo. Este compromiso es para siempre, hasta la muerte. 
La libertad y la autonomía personal ya no existen, la lealtad a los otros ya no existe, es más, la amistad con otros se ve comprometida porqué el “soldado” se convierte en un objeto del Alto Mando. La mentalidad que fomenta tal control, puede ordenar el espionaje, el engaño, el ostracismo en la propia comunidad, el encarcelamiento sin el debido proceso, la tortura e incluso las ejecuciones extrajudiciales. Supone un compromiso con una oligarquía clandestina que no está sometida a institución legítima alguna ni a nadie. (Salvo que sean Ben Gurion, Beguin y Stern-Shamir).

Este documento también nos explica los roles que cumplía La Hagana al servicio de la Agencia Judía cuando  los colonos no respondían a sus directivas, entonces la Agencia utilizaba la amenaza y la acción violenta para lograr el control total del Yishuv. 

El doble rol de la Hagana nos permite entender cómo los dirigentes sionistas fueron capaces de monitorear la vida de los colonos y conseguir sus objetivos de corto, mediano y largo plazo. 

No olvidemos que la Agencia manejaba los planes oficiales de inmigración, radicación, vivienda y salud; mediante la Histradrut proporcionaba el acceso a los puestos de trabajo; regulaba el mercado financiero-comercial y la obtención de dinero para fondos no autorizados y la auto imposición de impuestos para financiar sus fines políticos y militares.

También la Agencia Judía dictaba normas y reglamentos de comportamiento civil de cumplimiento obligatorio, cuando algunas de sus disposiciones no eran voluntariamente acatadas actuaba la Hagana para aplicar sanciones y restablecer el poder de la Agencia, los insubordinados enfrentaban una serie de consecuencias desde amenazas, apaleamiento, el ostracismo total del individuo en su comunidad, hasta su secuestro, asesinato y desaparición. 


(1)“The Plight of the Palestinians: a Long History of Destruction” by William A. Cook, edit. Macmillan, 2010. 

domingo, 31 de enero de 2016

XI

Cuando los senderos se bifurcan para reencontrarse.
Alec Mendoza

Parte XI:

La información enviada por MacMichael al Secretario de Estado fue a consecuencia de una investigación realizada sobre los usos y prácticas de financiación de fondos por parte de varias organizaciones sionistas.

El memorando ilustra sobre el hecho que el gobierno del Mandato se encontraba en Palestina ante un peligro, causado por la violencia judía, mucho más grave que el enfrentado durante la rebelión palestina de 1936 a 1939, el peligro sionista era infinitamente más difícil de afrontar con los mismos medios y metodologías represivas utilizadas para derrotar a los árabes: “En primer lugar los sionistas son disciplinados y están muy bien organizados, tienen el apoyo moral y político… de sectores considerables tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos de América… toda la influencia, recursos y habilidad política se utilizan para mostrar en forma sensacional y lograr persuadir a la opinión pública que los judíos son víctimas de la injusta agresión británica en Palestina”. 

En Londres la situación no era comprendida cabalmente, parecía que se ignoraban los informes y no se recibían instrucciones precisas de cómo actuar, salvo reforzar las medidas de seguridad, parecía como si la etapa de transición entre los gobiernos de W. Churchill y Clement Attle no terminara nunca. Una de las curiosas ambigüedades que rodea la década que precedió a la declaración del Estado de Israel es la escasez de información y perspectiva de las autoridades y fuerzas del Mandato británico que gobernaron Palestina entre 1938 y el 15 de mayo de 1948.

Por fortuna, Sir Richard D. Catling nos ha dejado un archivo que permite conocer las condiciones que prevalecían en Palestina cuando él era Jefe Adjunto de la Rama Especial de la División de Investigación Criminal en Jerusalén en 1944. Los documentos sellados como “MUY SECRETO” de Catling permanecieron intactos en los archivos de la Rhodes House de las Bibliotecas Bodleian de la Universidad de Oxford hasta hace 10 años.

Se destacan dos documentos con 62 apéndices de pruebas que totalizan casi 500 páginas de material. El primero es un despacho enviado al Secretario de Estado, fechado el 16 de octubre de 1941, por el Alto Comisionado para Palestina, el segundo, un “Memorando muy secreto sobre la Participación de las Instituciones sionistas en Palestina en actos ilegales y violentos”, preparado en la sede del Departamento de Investigación Criminal. [Sir Richard C. Catling, 145, Mss. Med. S20].  

MacMichael dijo en 1944 lo siguiente “… los judíos que están en Palestina son diestros en el uso de las armas… un gran número de ellos ha recibido entrenamiento en la Policía Palestina… o en las Fuerzas de Su Majestad. En el momento actual, además de los aproximadamente 10.000 judíos incorporados en las Fuerzas del Ejército, hay 5.800 más en diversas unidades de la fuerza policial y hay 15.400 policías especiales… Cuando a esos hombres… se les añaden las ilegales organizaciones de “defensa” de los judíos (sólo la Haganá tenía… alrededor de 50.000 hombres y 10.000 mujeres, véase Mss. Med. S20 Appendix XXI), es evidente que el Yishuv, en número y calibre de armas, es un adversario formidable.

Najman Ben-Yehuda  ex decano del departamento de sociologíaantropología en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Es uno de los investigadores más importantes del pasado judío en Palestina, en uno de sus estudios se refirió a la caída de la fortaleza de Masada, el último refugio de un grupo judío, que según dicen, se suicidó en masa antes que rendirse a la esclavitud. Ben Yehuda ve la historia de Masada como una leyenda moderna creada por encargo. De acuerdo con su libro “Sacrificar la verdad”, la dramática escena fue embellecida antes y después del establecimiento del Estado de Israel.  
                                                                                                              
El autor se basa en las transcripciones de las excavaciones arqueológicas realizadas desde 1963 hasta 1965 y afirma que el equipo dirigido por Yigael Yadin, ex jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, tergiversó de manera fraudulenta los hallazgos y artefactos para encajarlos dentro de una narración preparada de acuerdo a un guión heroico establecido por el sionismo y los religiosos ortodoxos.

Nur Masalha en, La Biblia leída con los ojos de los Cananeos (Editorial Canaán, Buenos Aires 2011), dice: “Las tradiciones militaristas y las leyendas bíblicas sobre posesión de la tierra, fueron reconfiguradas y reinventadas en el siglo pasado como una meta narrativa “fundacional” del mismo sionismo y del futuro Estado de Israel”. 

No olvidemos que entre 1867 y 1870 la arqueología bíblica, los mapas y los estudios de topografía y toponimia fueron llevados a cabo por Lord Warren y los Ingenieros Reales de su Majestad y continuaron siendo los datos básicos de muchos actuales arqueólogos, geógrafos y planificadores estratégicos israelíes en su campaña por judaizar la Ciudad Vieja de Jerusalén.  (Op. mencionada de Nur Masalha.)

Las citas anteriores no son una interpolación caprichosa de nuestra parte, Ben Yehuda también escribió que los asesinatos de Leji son utilizados como propaganda patriótica, con las mismas técnicas empleadas en Masada. En un libro de su autoría, editado en 1993, titulado “Los asesinatos políticos judíos: un recurso retórico para la Justicia”; refiriéndose al asesinato de Lord Moyne cita a Yitzhak Shamir diciendo: “... era de lo más eficiente y moral, atacar objetivos seleccionados. Nosotros apuntamos a un objetivo político. Hay muchos ejemplos en nuestro pasado, lo que hicimos se puede encontrar en la Biblia, en Gedeón y Sansón, por ejemplo...

Ben Yehuda afirma en su libro: "... Leji mató a más judíos que los no judíos”. Recordó que en 1948 uno de los líderes de Leji, Natan Friedman Yellin, alias “Yellin Mor”, en un juicio por cargos relacionados con el asesinato del Conde Von Bernadotte, le dijo a la corte que "... era un derecho legítimo de Leji ejecutar a los enemigos, a los traidores degradados y a los sujetos de bajo nivel patriótico”.

Yitzhak Shamir, en su libro de 1994 “Recapitulación: una autobiografía” escribió: “... Bet Tsouri y Hakim habían cumplido con la Escritura... no hubo momentos en los que yo pude llorar adecuadamente a los chicos que había enviado en misión a Egipto” y  “… En 1975  recibí sus restos en la frontera entre Israel y Egipto, habíamos  acordado cambiar 20 prisioneros de guerra árabes por los cuerpos de estos dos muchachos. Al verlos los reconocí de inmediato, a pesar de los años que habían pasado y la forma en que murieron, sus rostros estaban intactos y en calma, ni el tiempo ni la horca los había desfigurado. Un religioso me dijo que sólo a los justos se les concede este privilegio. En el funeral les brindé mi homenaje”.

Gerold Frank fue corresponsal de guerra en el Medio Oriente durante la Segunda Guerra Mundial, ​​ y colaborador en el Comité Anglo-Americano de Investigación en Palestina.  Frank en su libro “La Escritura”, subtitulado (Asesinato en el Cairo durante la Segunda Guerra Mundial), de la editorial  Simon & Schuster (1963) escribe: Uno tenía 17 años y el otro recién había cumplido 22, fueron los jóvenes que entrenó la Banda Stern (Leji). Su audaz y terrible obra sacudió al Imperio Británico, y todavía da forma a un conflicto de nuestro tiempo. Esta es la corta historia de esos dos chicos, y de aquel hecho. Es una historia de idealismo y de terror, de conspiración y suspenso. Es una historia que nunca se olvidará”. 

Frank no era un escritor improvisado y no fue ajeno al clima que envolvía a algunas celebridades de Hollywood los cuales eran muy críticos con los ingleses y simpatizaban con los terroristas sionistas. G. Frank ganó en dos ocasiones el Premio “Edgar” de los Escritores de Misterio de EEUU , por “La Escritura”, el libro sobre el asesinato de Lord Moyne ya mencionado y por el “El estrangulador de Boston”.

Es pertinente destacar que muchos sionistas estadounidenses respaldaron “el terrorismo de Sión”. Algunos incluso declararon abiertamente su admiración por los asesinos y aplaudieron sus actos de terror. El famoso autor teatral y guionista Ben Hetch, coautor del film “Primera Plana” y “Cumbres Borrascosas”, ganador de dos Óscar de Hollywood, llegó a decir públicamente que su corazón se alegraba cada vez que un soldado británico era asesinado en Palestina.

En una carta a los terroristas de Haganá, Palmaj, Irgún y Leji  publicada a toda página en The Herald Tribune de Nueva York, Ben Hecht escribió:
Los judíos de Estados Unidos están con ustedes. Ustedes son sus paladines. Ustedes son su sonrisa. Ustedes son la pluma de sus sombreros. Ustedes son la primera respuesta que tiene sentido para el Nuevo Mundo. Cada vez que hacen explotar un arsenal británico, destruyen una cárcel británica, vuelan por los aires un tren británico o asaltan un banco británico, o atacan con sus armas y bombas a los traidores e invasores británicos de sus tierras, los judíos de Estados Unidos tienen una pequeña fiesta en su corazón”.

Señaló Tom Segev en el diario israelí “Haaretz” del 23 de septiembre de 2003 que: “En la actualidad son muchos los que homenajearon el atentado contra Moyne (Segev se refiere a un homenaje que realizaron en Israel por el aniversario de la ejecución en Egipto de sus asesinos), porqué asumen que un luchador por la libertad (de Eretz Israel) es una buena persona y que un terrorista (es decir, un palestino, un árabe) es una mala persona”. 


Continúa: