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lunes, 14 de diciembre de 2015

VIII

Cuando los senderos se bifurcan para reencontrarse.
Alec Mendoza

Parte VIII:

Segundo crimen: Su negativa en 1944 a considerar seriamente la posibilidad de salvar a un millón de judíos a cambio de camiones y dinero, propuesta que los nazis habían ofrecido. Revisemos los hechos: El 19 de mayo de 1944 Joel Brand, uno de los dos máximos representantes de los sionistas húngaros, el otro era Israel Rudolf Kastner (Brand y Kastner dirigían el Comité de socorro y rescate de judíos húngaros) pasó por Turquía rumbo a Palestina llevando como equipaje una monstruosa propuesta consistente en canjear la vida de un millón de personas por diez mil camiones y algunos otros bienes, los que se utilizarían sólo en el frente oriental. El El interlocutor de Brand era Adolf Eichmann, la propuesta de canje estaba autorizada por el comandante en jefe de las SS Heinrich Himmler, los judíos serían entregados en tandas de 100.000 por cada 1.000 camiones.

Había transcurrido tan poco tiempo entre la invasión alemana de Hungría y la propuesta, que fue plausible pensar que había sido elaborada en Berlín con anterioridad y podía formar parte de un vasto plan nazi que podía perseguir varios objetivos: 

  a) Descolocar a Los Aliados, ahora estaban obligados a decidir si ellos querían salvar o abandonar a su suerte (la muerte) a un millón de judíos; 
  b) Provocar hechos que entorpecieran la marcha de una guerra que ya estaban perdiendo; 
  c) Reforzar el parque mecanizado de las fuerzas alemanas en lucha contra los soviéticos y 
  d) Complicar las difíciles relaciones con Stalin con sus aliados.


Desde el primer momento, Ben Gurion se manifestó como un decidido partidario de aceptar la propuesta de Eichmann. La Agencia Judía había negociado con las SS en reiteradas ocasiones desde que los nazis tomaron el poder en Alemania y Ben Gurion sabía que los nazis cumplían los acuerdos que celebraban con los sionistas, Eichmann había asegurado que el millón de judíos húngaros tenían como único destino a Palestina y eso era lo importante para Ben Gurion, la Agencia y los dirigentes de la Organización Sionista Mundial.

Ben Gurion envió a Moshé Sharett su segundo en la Agencia Judía a negociar en Berlín, e instruyó a Ira Hirschmann a hacer lo propio en los EEUU. Hirschmann, era un conocido ejecutivo de negocios que se había especializado en organizar la inmigración legal e ilegal de judíos  hacia Palestina, en 1949 publicó un polémico libro, sugestivamente titulado '' The Embers Still Burn “, criticando la política exterior de los Estados Unidos durante la guerra y post guerra. Al llegar a Palestina Brand fue detenido por los británicos y llevado a El Cairo, durante un encuentro con Lord Moyne, según algunos testigos le habría dicho: " Sr. Brand, ¿qué puedo hacer yo con un millón de judíos? ¿Dónde los voy a ubicar?”. 

Esta sería la participación directa de Lord Moyne en la operación “Blood for Money”, operación que justamente se llamó así porqué Lord Moyne fue quien sugirió a Churchill reemplazar los camiones por dinero.

Roosevelt instruyó a su embajador en Moscú a explorar la posible reacción de los soviéticos. El Gobierno británico dudaba en avanzar con esta iniciativa, sospechaba que la propuesta de los nazis no era más que un intento de debilitar la alianza con Stalin.  El gobierno de Roosevelt coincidió con Churchill cuando recibió a fines de julio un cable cifrado de Moscú con este lacónico mensaje: “Vyshinski considera inadmisible negociar con Hitler", Vyshinski era el Ministro de Relaciones Exteriores de la URSS.

Los hechos indican que Stalin dio un  portazo y los anglo-norteamericanos le pusieron cerradura a la puerta a pesar de los constantes pedidos de Ben Gurion y de los sionistas americanos e ingleses en iniciar sin perder tiempo alguno las negociaciones. A los tres meses de lanzada la propuesta, la operación “Blood for Money” fracasó. Ben Gurion, Moshé Sharett, Ira Hirschmann y Joel Brand quedaron con un sabor amargo en el alma, Stalin frustró la posible salvación de los judíos rehenes de Eichmann en Hungría. 

Es evidente, que no fue Lord Moyne el que decidió los hechos. Lord Moyne estaba muy bien informado, sabía por MacMichael, el Alto Comisionado en Palestina, quién oportunamente le había enumerado seis áreas de actividades subversivas emprendidas por la Agencia Judía contra el Gobierno Británico del Mandato, señalando que esta poderosa y eficaz organización equivalía, de hecho, a un gobierno que existía codo con codo con el Gobierno del Mandato. La Agencia Judía era responsable de:
  1. Mantener un ejército y un sistema de espionaje secretos;
  2. Realizar contrabando, robo y fabricación de armamentos;
  3. Organizar desde hace muchos años la inmigración ilegal;
  4. Practicar la violencia y la desobediencia civil;
  5. Facilitar y alentar la propaganda sediciosa y hostil en Palestina y en el extranjero, especialmente en los EEUU y Londres;
  6. Desconocer y vulnerar los derechos civiles de los ciudadanos judíos con imposición de penas al margen de las leyes.
Decía MacMichael, en resumen, “la Agencia Judía controlada por los sionistas ha socavado activamente la autoridad legal en Palestina, incluso actuaron y actúan para minar el apoyo hacia el gobierno del Mandato en Gran Bretaña, poniendo en peligro a las fuerzas armadas británicas cuando tratan de cumplir sus responsabilidades oficiales. También se ha demostrado la determinación ingrata de los dirigentes de la Agencia en atacar y desprestigiar a la misma nación que les dio muchos  medios para establecer una “patria” en Palestina”. 

(en MacMichael, Harold. “Memorandum on the Participation of the Jewish National Institutions in Palestine in Acts of Lawlessness and Violence” The Palestine Police, Jerusalem.)

Ver también: William A. Cook “The Rape of Palestine”, and The Plight of the Palestinians”. Los artículos de Cook se publican en Counterpunch, MWC News, Pacific Free Press, Atlantic Free Press, and Countercurrents.                                                                               
Más información : www.drwilliamacook.com.



Continúa. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

V

Cuando los senderos se bifurcan para reencontrarse.
Alec Mendoza

Parte V:

El 9 de noviembre de 1944 Churchill envió a Sir Anthony Eden, quién era su protegido. Eden se había casado en segundas nupcias con la sobrina de Churchill. Como Secretario del Foreign Office Eden brindó un informe sin mayores detalles sobre el crimen, señaló la tristeza que embargaba al Reino Unido, identificó a los autores del atentado, destacó que los judíos condenaban severamente este asesinato y comunicó que el rey Jorge VI y la reina Isabel enviaron sus condolencias a la Familia Guiness y al Parlamento. 

Gerold Frank en su libro “La Escritura”, Asesinato en el Cairo durante la Segunda Guerra Mundial, de la Edit.  Simon & Schuster, 1963, escribió:
La prensa hebrea sobreactuó el duelo, no podía encontrar palabras lo suficientemente fuertes para denunciar la acción terrorista”. 
Fue una "abominación... desde que se fundó el sionismo", se lamentó Haaretz, el periódico más influyente en la Palestina judía, "ningún golpe más grave ha recibido nuestra causa."

El Dr. Jaim Weizmann dijo que se sentía tan conmovido por este vil crimen que, “me ha impactado de tal manera que hasta hizo adormecer la tristeza causada por la muerte de mi propio hijo desaparecido en combate contra los alemanes”. Efectivamente, su hijo más joven, el Subteniente Michael Oser Weizmann, piloto del British Escuadrón N° 502 de la RAF, murió cuando su avión fue derribado sobre el Golfo de Vizcaya. 

La Agencia Telegráfica Judía de Jerusalén  en un cable publicado en Londres el 9 de noviembre de 1944, informó que: El Dr. Weizmann, presidente de la Agencia Judía, envío a la residencia del Primer Ministro Churchill una sentida carta expresando "Los crímenes políticos de esta naturaleza son una abominación que implica a comunidades judías enteras en el sentimiento de culpa provocado por unos pocos asesinos. Le puedo asegurar que el pueblo judío en Palestina y sus órganos representativos han decidido hasta el límite máximo de su poder cortar desde la raíz y hasta las ramas, este mal que ha nacido en nuestro medio”.  

Tanto en “Churchill por sí mismo”, World Politics, página 442, como en Sir Martin Gilbert, Winston S. Churchill”, vol. VII, nos informan que el 17 de noviembre 1944 el Primer Ministro en la Cámara de los Comunes expresó con inocultable dureza:

"Este es un crimen vergonzoso que ha conmocionado al mundo, si nuestros sueños en pro del sionismo han de terminar en el humo de las pistolas de los asesinos, y nuestro trabajo para su futuro será producir un nuevo conjunto de gánsteres dignos de la Alemania nazi, muchos como yo, tendrán que reconsiderar la posición que hemos mantenido de manera consistente en el pasado. Si ha de haber alguna esperanza de un futuro pacífico y exitoso para el sionismo estas actividades malvadas deben cesar y sus responsables deben ser destruidos”.

Los británicos sabían que en el Ejecutivo de la Agencia Judía, en la Haganá y en el Yishuv se produjeron varias divisiones, recordemos que Yishuv es la palabra hebrea que se utiliza para referirse a la masa de colonos y pobladores judíos residentes en la Palestina otomana y posteriormente durante el Mandato Británico. El término completo es Hayishuv Hayehudi b'Eretz Yisrael. 

En la Agencia Judía había una facción partidaria de acciones violentas contra los británicos y se oponían a la tradicional posición moderada, paciente y probritánica de Weizmann.

En 1939 el lobby sionista de Londres había informado a las autoridades del Yishuv que la postura del gobierno británico no era favorable al proyecto judío, el Reino Unido intentaba compensar a los palestinos por la sangrienta represión efectuada por los británicos y la Haganá durante la Gran Rebelión de 1936-1939 que causó a los palestinos 5.000 muertos, 14.000 heridos, decenas de aldeas demolidas y sus dirigentes ejecutados  o exiliados.

En Downing Street fueron consideradas como muy inquietantes por su significado las siguientes palabras de Ben Gurion pronunciadas en 1939, antes de la difusión del Libro Blanco: 

"Nuestra mayor preocupación era la suerte que estaría reservada a Palestina después de la guerra. Ya estaba claro que los ingleses no conservarían su Mandato. Si se tenían todas las razones para creer que Hitler sería vencido, era evidente que la Gran Bretaña, incluso victoriosa, saldría muy debilitada del conflicto. Por eso, yo no tenía dudas que el centro de gravedad de nuestras fuerzas debería pasar del Reino Unido a América del Norte, que estaba en vías de asumir el primer lugar en el mundo".

En una entrega anterior nos habíamos referido a H. J. Temple, el vizconde de Palmerston, con cincuenta años de funcionario en distintos gobiernos del Reino Unido durante el siglo XIX. Palmerston se caracterizó por establecer alianzas con Francia, Rusia, y el Sultán otomano seguidas de rupturas con sus ex aliados para después de algún tiempo volver a amigarse y enfrentarse. Para justificarse ante el Parlamento brindó esta notable y franca confesión: “Señores, el Reino Unido no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes, sólo tiene intereses permanentes”.

Casi un siglo después, Ben Gurion demostró que era un gran discípulo de aquel Primer Ministro británico.

En el gobierno del Imperio y especialmente en la comisión de Relaciones Exteriores no tenían dudas que el “Libro Blanco de McDonald de 1939” a pesar de las justificaciones y explicaciones dadas a los sionistas fue asumido como una inmerecida puñalada. 

Neville Chamberlain había causado una fractura con la Agencia Judía, para el Foreing Office el libro Blanco se hizo por qué fue lo que debía hacerse, tratar que Palestina se mantenga lo más lejos y ajena posible a la guerra. (El verdadero problema era cuidar que los árabes no se plegaran a Alemania e Italia).

"En septiembre de 1940, los italianos bombardearon desde el aire el centro de Tel Aviv, causando más de cien víctimas... Cuando el ejército alemán invadió Europa y el Norte de África era probable que también conquistaran Palestina. En el verano de 1940 y en la primavera de 1941,… el peligro parecía inminente. El pánico cundió en el Yishuv,... Mucha gente trató de encontrar una forma de salir del país, no era fácil, algunos lo lograron... Muchos no se arriesgaban y portaban cápsulas de cianuro." Del historiador israelí Tom Segev en "El séptimo millón." (The Seventh Million: The Israelis and the Holocaust / Tom Segev ; translated by Haim Watzman, New York : Henry Holt, 2000.)

Ben Gurion le dio a Churchill una respuesta aparentemente clara y firme, pero que en el fondo era equívoca,  permitía realizar varias interpretaciones: “Lucharemos contra Alemania como si no hubiera Libro Blanco y lucharemos contra el Libro Blanco como si no hubiera guerra”.

Durante los años de guerra la mayoría de los dirigentes sionistas decidieron centrar sus esfuerzos en seducir a los judíos de EEUU.  Una parte considerable de ellos estaban más cerca de las posiciones revisionistas de Zeev Jabotinsky (Jabo) porqué suponían que la Agencia Judía y la Histradut, la Federación Obrera creada en 1925, estaban dominadas por el Partido Laborista y respondían a ideologías socialistas. Parece que los judíos de EEUU no sabían que Ben Gurion y Weizmann cuando se referían a Jabotinsky lo llamaban el “Hitler judío”.



Continúa.

sábado, 24 de octubre de 2015

II

Cuando los senderos se bifurcan para reencontrarse.
Alec Mendoza
2015

Parte II:

Los registros de inmigración indicaban que dos jóvenes  integrantes de la brigada judía de Palestina habían llegado a El Cairo, posiblemente el 1 de noviembre de 1944, vistiendo uniformes del ejército británico y los documentos que presentaron los identificaban como Moishe Cohen Itzhak de 20 años y Chaim Saltzmann de 23, quienes invocaron como motivo del viaje descansar durante una semana. Días después un policía testificó haber visto varias veces a estos jóvenes  pedaleando lenta y plácidamente sus bicicletas frente a las Villas de la calle Hassan Sabry cerca del exclusivo Gezira Sporting Club. 

Para los británicos el control de Egipto era una prioridad vital dado que el canal de Suez les permitía el acceso a la ruta más cercana para la India y, al mismo tiempo, la ocupación de Sudán les facilitaba el ingreso al interior del continente. Cecil Rhodes, en el sur de África, trabajaba en unir las posesiones coloniales británicas por medio de un ferrocarril que comunicara Ciudad del Cabo por el sur y Alejandría por el norte, ese era otro proyecto ambicioso en África del imperialismo de la corte victoriana.

Recién en 1900 casi medio siglo después de iniciada la fiebre petrolera en la costa este de Estados Unidos, la inmensa zona sureña del Oriente Próximo entró en escena.  Los inicios fueron cautelosos, el primer movimiento lo hizo el Sha de Persia (Irán), quien le ofreció concesiones petroleras a Gran Bretaña, esto provocó la ira de Rusia -que buscaba expandirse por Asia central y reclamaba el control del Golfo Pérsico-. El Reino Unido decidió esperar.

El Sha mantenía relaciones con un inversionista inglés interesado en el negocio petrolero: William Knox D'Arcy, cuya fortuna provenía de las minas de oro de Australia y en cuyas fiestas solían actuar artistas de la talla de Enrico Caruso. W.K. D'Arcy estuvo tres años trabajando sin grandes resultados, el Foreign Office comprendió que si Gran Bretaña no intervenía oficialmente en el petróleo de Irán, sería Francia, Alemania o Rusia, las que lo harían por lo que decidieron apoyar a D'Arcy participando con dinero del Reino Unido y con sus propios ingenieros en los aspectos técnicos. Si bien William Knox D'Arcy no llegó a ser el Rockefeller inglés, su alianza con el Sha y el Reino Unido llegó a constituir la poderosa Anglo-Persian Oil Company, compañía predecesora de la actual British Petroleum.

En 1914, Egipto y Chipre pasaron a ser Protectorados británicos y todo el valle del río Nilo fue declarado esfera de influencia de la Corona de S. M. británica; todavía faltaba conquistar Palestina, gran parte de Siria, los campos petrolíferos del corredor Kurdo y lo que luego serían Irak y Kuwait.

Los jóvenes ciclistas que recorrían el barrio Zamalek no estaban paseando, no eran soldados de la Brigada Judía en vacaciones y no se llamaban Moishe Cohen Itzhak y Chaim Saltzmann. Más tarde se supo que sus nombres verdaderos eran Eliahu Hakim y Eliahu Ben Tsuri. Estaban reconociendo el terreno de acción, estimando tiempos, verificando los caminos de escape y decidiendo la mejor forma de cometer el asesinato.              
Pertenecían a la Banda de Stern, también conocida como el grupo “Leji”; Un acrónimo hebreo para Lohamei Jerut Yisrael  (Combatientes por la Libertad de Israel).

Walter Edward Guinness, Lord Moyne, había ocupado los cargos de Ministro de Agricultura, Ministro de Ultramar, líder de la Cámara de los Lores y desde 1943 era Ministro de Estado y representante del Gobierno británico en El Cairo, además Lord Moyne era íntimo amigo de Winston Churchill. Lord Moyne respondió con indiferencia cuando el Mayor Samson llegó a su casa para informarle que las medidas de seguridad serían más estrictas debido a que el MI5 sospechaba que podía ser un blanco posible de terroristas.

Moyne le dijo: "Desde hace muchos años, nuestros soldados están luchando y muriendo en el campo de batalla todos los días, incluso nuestro Rey es susceptible de ser asesinado por una bomba. Exijo participar en el riesgo común“. Cuando Samson señaló que su deber como jefe de seguridad sobre el campo era cuidar de que el Ministro estuviera protegido adecuadamente, Lord Moyne le advirtió: "Yo no quiero guardias cerca mío cuando juego al golf o cuando invito a mis amigos a la Villa”. Samson se mantuvo firme,  insistió en duplicar la guardia del Ministro, tener un coche de la policía militar siguiendo a su automóvil  y otras medidas de seguridad en los alrededores de la Villa. Todo esto fue aceptado a disgusto por el Ministro, pero la única condición que puso no era racional, él podía despedir a sus guardias cuando se dedicaba a sus actividades sociales privadas.

Decía Max Nordau en 1897: “La emancipación de los judíos se convirtió en uno de esos elementos del mobiliario imprescindibles en todo Estado civilizado, como el piano que no puede faltar en el salón, aunque nadie en la familia sepa tocarlo. Así, los judíos obtuvieron su emancipación en el occidente de Europa no por un impulso íntimo, sino por imitación de una moda política… sólo hay un país al que esto no es aplicable: Inglaterra. El pueblo inglés no permite que su progreso venga impuesto desde el exterior, la evolución se produce desde dentro. En Inglaterra, la emancipación de los judíos es una realidad”

Simon Miksa Südfeld, nacido en 1849 en Budapest, cambió su nombre por el de Max Nordau cuando se estableció en Berlín en 1873. Fue periodista del Die Neue Freie Press, diario que lo envió a París, donde pasará la mayor parte de su vida. Mientras que la historia ha consagrado el nombre de Theodor Herzl como fundador del sionismo moderno, realmente fue Nordau quien impulsó la organización del I° Congreso Sionista inaugurado el 29 de agosto de 1897 en Basilea con la presencia de 162 delegados; el Congreso funcionó en el casino de la ciudad suiza, tras la negativa de la comunidad judía de Munich a albergarlo. 

Al igual que Herzl, Nordau estaba totalmente adaptado a la cultura europea y era completamente ateo. Herzl y Nordau recuperaron su hebraísmo durante el Caso Dreyfus, el cual les llevó a afirmar que la asimilación de los judíos era una trampa y que la única solución posible era la creación de un Estado-Nación, basado en las nociones heredadas del romanticismo alemán y en el empuje de los nacionalismos europeos del siglo XIX. Las palabras usadas por Nordau en su discurso son explícitas: habla de los judíos como "Rasse" (raza) y como "Stamm" (tribu). A partir de esta definición las relaciones del sionismo con el imperio británico comenzaron a solidificarse.


El 6 de noviembre de 1944 a la 1,00 o 1,15 pm, como todos los días, llegó a su casa para almorzar, lo acompañaban el chofer Lance Corporal Fuller y en el asiento trasero del automóvil su secretaria, la señorita J. Osmond y el capitán Hughes Onslow su Oficial de enlace. No tenía la tradicional custodia del coche de la Policía Militar porque el Ministro personalmente les dijo “Muchachos hoy no los voy a necesitar, no regresaré a mis oficinas, están en libertad”. Lord Moyne trabajaba en Pilares Grises un hermoso edificio de tres pisos en el número 10 de la calle Tolombat en Garden City, allí coordinaba los esfuerzos de guerra británicos y los aliados en el Medio Oriente y diseñaba proyectos secretos para la zona encargados por Churchil.

(Continúa)

sábado, 17 de octubre de 2015

I

Cuando los senderos se bifurcan para reencontrarse.
por Alec Mendoza
2015

Parte I:

Estaban por cumplirse cinco meses del desembarco de los Aliados en las playas de Normandía y la escena de un crimen anunciado había elegido a la Finca N° 6 de Hassan Sabry Street, en el exclusivo barrio residencial cairota de Zamalek , a pocos metros de los campos de polo y de cricket más importantes de África. La villa había sido ocupada hasta enero de 1943 por el Mariscal de campo Sir Archibald Wavell, Comandante en Jefe del Ejército Británico en el Medio Oriente, quién dejó su cargo al ser designado Virrey de la India. Según Artemis Cooper, autor de “El Cairo Durante la guerra”, la esposa de Wavell había "transformado la casa añadiendo puertas y paneles de roble, con muebles blancos que contrastaban con grandes jarrones llenos de flores, y una piscina digna de un emperador romano".

Si había una ciudad que durante gran parte de los siglos XIX y XX podría considerarse un atractivo y cautivante escenario para las amistades frágiles, amoríos inestables, intrigas económicas, traiciones políticas y militares, esa ciudad era El Cairo. Para este relato, es conveniente fragmentar un período de tanta riqueza en acontecimientos que se dilatan en el tiempo; el contexto era el siguiente:

En 1850 los dos imperios occidentales que dominaban eran Francia e Inglaterra. Ambas potencias duramente se disputaron en Egipto la construcción del Canal de Suez, que significaba el dominio de Asia y del Mediterráneo Oriental. Egipto había logrado su “independencia” en 1848, sería más preciso llamarla autonomía condicionada, tras los conflictos producidos entre el pashá Muhammad Alí y el sultán. El 30 de noviembre de 1854 ocurrió un hecho no previsto por los británicos, gracias a la amistad que Ferdinand Marie de Lesseps tuvo en su infancia con el Pasha Said (para aquel tiempo Virrey de Egipto). Lesseps acordó y firmó con Said una concesión del gobierno Egipcio para excavar, construir el canal y explotarlo durante 99 años. Los beneficios que daría, de acuerdo a la posesión de las acciones se repartirían durante los próximos 99 años de la siguiente manera: un 75% para la Compañía, un 15% para Egipto, y un 10% para los fundadores de La Compagnie Universelle du Canal Marítimo de Suez.

El segmento arbitrariamente elegido para nuestro relato se inicia en la tarde y noche del 17 de noviembre de 1869, cuando 6.000 personas a bordo de románticas embarcaciones surcaron el alto Nilo bajo una lluvia de flores y fuegos artificiales festejando desde el Puerto de Said la apertura del Canal del Suez; por fin las aguas del Mediterráneo se juntaron con las del Mar Rojo, una idea soñada desde los tiempos faraónicos. Luego de 10 años de trabajos el canal se hizo a pesar de la fuerte oposición inglesa. 

El Reino Unido había realizado infinidad de operaciones para impedir y luego demorar su construcción. Ese día de 1869 Francia tenía muchas razones para festejar; quedaban atrás más de 50 años soportando y venciendo las presiones, amenazas e ilusorias promesas británicas a Mohammed Ali para que se opusiera a la ejecución del proyecto, hasta que el Virrey se enfermó y perdió todo interés en la obra.

Hubo también impensados obstáculos económicos, políticos y de ingeniería que superar: en un principio la empresa sufrió graves problemas financieros y Pasha Said fue obligado, por la Compañía, a comprar el 44 por ciento del total de acciones de la empresa para mantenerla en funcionamiento; decisión que debilitó drásticamente las finanzas de Egipto. 

En ese entonces las más importantes sociedades científicas británicas, y algunas europeas todo hay que decirlo, aceptaban un antiguo estudio realizado en el año 1799 el cual afirmaba la existencia de una diferencia de 10 metros entre el nivel del Mar Mediterráneo y el del Mar Rojo y en consecuencia, sostenía, la imposibilidad de construir un canal entre ambas orillas; de tal supuesto se deducía que cualquier proyecto encaminado a tal magna obra resultaba absurdo.

A pesar del arraigo de esta creencia un grupo de 20 ingenieros franceses, los “Saint–Simoniens”, impulsados por Lesseps, crearon en Paris en 1846 una asociación para repensar la posibilidad de construir el canal.  No tardó tal grupo en dar frutos, al año siguiente el Ing. Bourdaloue probó que no había tal diferencia entre los niveles del Mar Rojo y el Mediterráneo y que todo se había debido a prejuicios, estudios basados en errores de cálculo y en la utilización de herramientas de medición obsoletas. El Ing. Linant de Bellefonds fue quién presentó el informe técnico final. Casualmente, ese informe fue ignorado en el mundo académico durante algunos años.

Como dijimos las acciones que “La Compañía” no pudo colocar en el mercado tuvo que comprarlas el gobierno egipcio de Pasha Said. Además Napoleón III tuvo que intervenir políticamente en varias ocasiones para neutralizar maniobras diplomáticas de los anglos y sus cuestionamientos técnicos. Francia formó una Comisión Internacional, en marzo de 1864, con la decisión de preparar la obra y en tres años, contra los pronósticos agoreros, se completó el canal.

El gobierno egipcio quedaba obligado a financiar gran parte de la construcción de este proyecto de ingeniería, al que ellos llamaban “Qana al Suways” y también a proveer su mano de obra: millón y medio de campesinos humildes (fellahs) obligados por la fuerza desde todas las regiones de Egipto; al principio no se disponía de maquinaria y todo tenía que hacerse a mano en el marco de un clima insalubre y las duras condiciones de vida; no resulta extraño, entonces, que durante la construcción más de 125.000 trabajadores perdieron su vida. Más tarde el trabajo se aceleró con la introducción de las nuevas dragas y máquinas excavadoras especialmente diseñadas, que alcanzaban rendimientos desconocidos hasta esa época; en algo más de dos años se excavaron alrededor de 50 millones de metros cúbicos de los 75 millones necesarios para completar la obra. 

En aquella noche del 17 de noviembre de 1869 Eugenia, la emperatriz de Francia (la hermosa Eugenia de Montijo), esposa de Napoleón III, lucía esplendorosa en el palco real del Teatro de la Ópera del Jedive en El Cairo, sentada junto al emperador de Austria y el príncipe de Gales, rodeada por los príncipes de Prusia, y de los Países Bajos; acompañada en la sala por lo más granado de la nobleza europea mientras esperaban disfrutar el estreno de “Aída”, la ópera del genial Giuseppe Verdi, quién varios años antes había sido contratado para tal inauguración. “Aída” era el enigmático nombre femenino que, en árabe, significaba “la visitante” o “la que regresa”. La Grand Opera encargada se presentó con espectacularidad y notable despliegue escénico, muchos coros y escenas cambiantes con efectos especiales ¡Fue grandioso! Sin olvidar que el vestuario y la puesta en escena fueron diseñados por el admirado, en la época, Auguste Mariette

Giuseppe Verdi recibió el total de la contraprestación del contrato celebrado pero se negó a estar presente al estreno de su obra en El Cairo. Verdi se molestó por el hecho de que la audiencia estuviera formada exclusivamente por miembros de la nobleza, políticos, diplomáticos, militares y críticos sin lugar para los auténticos  amantes del “Bel canto” y los fieles miembros del público aficionado; sostuvo, luego, que el estreno real, el auténtico, de su “Aída” recién se dio el 8 de febrero de 1872 en el Teatro de La Scala de Milán.

En aquellos días de 1944 en la Finca N° 6 de la calle Hassan Sabry de El Cairo no había ningún emperador romano, sólo vivía allí un distinguido Ministro británico y muy amigo del Primer Ministro. Además era el heredero de la gran empresa familiar de cerveza Guiness, lo acompañaban su esposa y el personal de servicio de la señorial casa.


En El Cairo, en un famoso club nocturno, una bella joven  bailaba abrazando cálidamente a un oficial del ejército británico, en un momento, acercó su boca al oído del oficial y le habló en voz baja. Era una escena común en los lugares de diversión y ninguna de las otras parejas que estaban bailando y bebiendo escuchó las confidencias de los aparentes enamorados. La chica era un agente del Shai, (el servicio secreto de inteligencia de la Haganá, su jefe era  Reuven Zaslani alias “Siloé”, quién sólo recibía órdenes de Ben Gurion), y él oficial era el mayor A.W. Samson, director de seguridad y agente de inteligencia en tiempos de guerra en el Cairo, (se supone que “Samson” no era su verdadero nombre). 

Susurró la joven: "Se sabe que habrá en el futuro cercano un asesinato político aquí, en Egipto, en El Cairo.  La víctima no será un egipcio, pero va a ser una persona muy importante. Yo no te puedo decir nada más que eso”.  Samson, sin exteriorizar su inquietud pidió más detalles pero solo escuchó la voz de su compañera que le repitió: “no puedo decirte  nada más”; y continuaron bailando como si nada. 

Es conveniente recordar que en 1858 la India se había convertido en colonia británica y a principios de 1860, todas las posesiones de la Compañía Británica de las Indias Orientales la “Honourable East India Company”  pasaron a manos de la corona. Inglaterra, que se había opuesto sistemáticamente a la construcción del canal, cambió de tercio y desde que vio la luz ansiaba poseerlo, y al cabo de seis años después de su inauguración se le presentó la oportunidad. En 1875, el Virreinato de Egipto padecía a causa de la brutal deuda externa del país; los agentes británicos en El Cairo fueron los primeros en enterarse que Ismail Pasha estaba dispuesto a vender las acciones egipcias forzosamente adquiridas; sumaban poco más del 40% del total accionario. Por otra parte, en el mundo financiero europeo se rumoreaba que los inversores británicos ya eran poseedores aproximadamente de un 12% de las acciones de la Compañía.
En una oportuna y vertiginosa decisión Benjamin Disraelí, el brillante Primer ministro británico, utilizando su condición de amigo especial y confidente favorito de la Reina Victoria la convenció de la necesidad de comprar el paquete accionario egipcio y así tomar el control sobre la ruta hacia la India Británica, la colonia más rica del Imperio asegurando al Reino Unido una posición de enorme ventaja en la nueva era de disputas coloniales. Disraeli rápidamente obtuvo un préstamo de la Casa Banquera Rothschild, de 4.000.000 de libras esterlinas, y así compró las acciones egipcias. 


El control financiero del Canal de Suez se compartía con Francia, pero las tropas del Reino Unido ocuparon Egipto en 1882, ante unos disturbios que ocurrieron en Alejandría; los británicos con la excusa de proteger a sus súbditos, en septiembre de ese año, invadieron Egipto y en la batalla de Tel el Kebir derrotaron a las fuerzas de Ahmad Arabi. El Tratado de Constantinopla de 1888 declaró al canal “zona neutral” bajo protección británica, y así antes de que terminara el siglo Inglaterra había añadido a su imperio la conquista militar y política de Egipto. Los Ministros residentes británicos pasaron a la condición de administradores del país aunque el territorio de manera formal siguió bajo soberanía turca. La nueva situación consolidaba la expansión británica y la preparaba para los desafíos del futuro; las compañías extranjeras ya establecidas no modificaron su situación, gracias a las «capitulaciones» que el Sultán se había visto obligado a firmar con diferentes gobiernos europeos.


(Continúa)